
Los niños y niñas de 5 años hemos vivido una experiencia muy especial con nuestra visita a las Cuevas del Tesoro, como broche final a nuestro proyecto sobre la Prehistoria, que hemos trabajado con tanta ilusión durante un trimestre y medio.
Durante este tiempo hemos aprendido cómo vivían nuestros antepasados, cómo se organizaban, qué herramientas utilizaban y cómo se expresaban a través del arte. Pero hoy hemos podido ir mucho más allá: hemos conectado todo lo aprendido viviéndolo con nuestros propios ojos y nuestras propias manos.
En la cueva hemos conocido su historia, hemos sentido la emoción de adentrarnos en un lugar lleno de misterio y hemos imaginado cómo sería la vida hace miles de años. Además, hemos disfrutado de talleres prehistóricos donde hemos creado nuestros propios fósiles, realizado pinturas rupestres y practicado el arte de la caza, experimentando de forma activa y divertida cómo vivían los primeros seres humanos.
Ha sido una jornada llena de descubrimientos, asombro y sonrisas. Los niños y niñas han disfrutado muchísimo y se lo han pasado genial, pero, sobre todo, han aprendido desde la experiencia.
Vivir el aprendizaje de esta manera les ayuda a comprender mejor lo que estudian, a despertar su curiosidad, a desarrollar su creatividad y a fortalecer su capacidad de observación y reflexión. Cuando el aprendizaje se siente, se toca y se vive, deja una huella mucho más profunda. Hoy no solo hemos aprendido sobre la Prehistoria: la hemos sentido, la hemos imaginado y la hemos hecho nuestra.

