Durante el mes de mayo, los alumnos y docentes de FPB hemos realizado diferentes actividades lúdicas para celebrar el mes de nuestra Virgen; el colofón llegó con el día 24, donde parte de la mañana lo dedicamos para ayudar a los más pequeños y, por supuesto, la otra parte de la mañana la dedicamos a disfrutar como auténticos niños.

Todos sabemos la importancia que tiene el mes de mayo en cualquier casa salesiana. Es el mes de la Madre de todos y todas los que compartimos vida entre las cuatro paredes de nuestra casa.

Este año, nuestra etapa de FPB ha vivido un mes intenso que no se ha visto para nada mermado por la situación aún pandémica que vivimos.

Por un lado, hemos podido reflexionar todas las mañanas en nuestros Buenos Días en el santuario, siempre delante de nuestra imagen de María Auxiliadora. En estos, hemos hablado de María como madre, valorando y agradeciendo también a nuestras madres de la tierra; de María como Auxiliadora y cómo nosotros también podemos ser “auxiliadores” y de María Auxiliadora como Virgen de Don Bosco.

Además, en un curso que se ha señalado también porque no hemos podido tener la posibilidad de realizar salidas ni actividades más físicas como otros años, echábamos en falta poder disfrutar también de algunos juegos que nos pusieran a prueba. Y ahí acudieron los profes al rescate, preparando en algunas horas durante la semana algunas actividades que nos hicieron poner a prueba cuerpo y mente pues no sólo nos divertimos sino que también pudimos repasar algunos de los contenidos que trabajamos en los módulos mediante estos juegos.

Y, por otro lado, cuando menos cuenta nos dimos, llegó el esperado 24 de mayo. Día en el que empezamos bien temprano a las 8:10 con los Buenos Días que, como decíamos, ya se han convertido en tradición, dentro de nuestro Santuario, delante de la imagen de María Auxiliadora como cada mañana. Seguidamente, nos preparamos y ocupamos nuestro lugar para comenzar con la celebración de la Eucaristía que vivimos todos juntos como cole en el patio, momento que, a pesar de las distancias, no impidió que “fuéramos uno” y nos reuniésemos alrededor del altar todos los que formamos esta gran escuela salesiana.

Una vez terminada la Eucaristía, fuimos al teatro donde nos propusimos un gran reto: En una hora y media queríamos crear dos paneles de Montessori y una mesa de luces para poder donarlos a los niños y niñas de infantil de nuestro cole para que pudiesen aprender de una forma distinta, al igual que nosotros también lo vivimos cada día en nuestros talleres manipulando, tocando, observando… Parecía imposible pero ¡nada más lejos de la realidad! Una vez que nos pusimos manos a la obra, entre todos, organizándonos bien el trabajo y con la ayuda de los mejores jueces y maestros de taller pudimos sacar el trabajo adelante y con mucho éxito. De hecho, lo flipamos cuando pudimos dárselo a los niños y a sus seños en mano y pudimos disfrutar de sus caras de ilusión. Eso sí que es ser auxiliadores.

Una vez que terminamos el trabajo, vino el rato de disfrutar de nuevo como si fuéramos niños. Y, ¡Madre mía si lo somos! Nos dejamos los pulmones y las fuerzas en las pruebas que nos habían preparado en la gymkhana. Y, ¿al final quién ganó? ¡Pues todos! Porque acabamos como una verdadera familia, todos juntos, en nuestra galería de siempre pero esta vez sentados alrededor de la mesa tomando algún vaso de refresco con algo para picar… Y es que ya el hambre se notaba.

Ese fue nuestro primer 24 de mayo en la que, poco a poco, vamos descubriendo como segunda casa, un día donde curramos, nos reímos, disfrutamos como niños y nos conocimos aún más entre alumnos y profesores. Y todo terminó con un sincero brindis al son de “¡Viva María Auxiliadora!”.

Firmado: Alumnado de  FPB

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