Con gran creatividad, se adapta esta conmemoración del milagro de la multiplicación de las castañas a la era COVID, para continuar celebrando esta bella tradición salesiana de una forma segura. 


El próximo viernes 30 de octubre a la Asociación de Antiguos Alumnos de Don Bosco en Málaga regalará castañas a un total de veinte personas.

Los interesados en recibir este regalo, bien en su domicilio, bien en un punto de entrega a convenir, deberán enviar un correo electrónico a la dirección antiguosalumnos.malaga@salesianos.edu hasta el 27 de octubre inclusive, indicando el nombre, la dirección donde se realizaría la entrega y, si se desea, un teléfono de contacto. A cada inscrito se le asignará un número, que le servirá para el sorteo que se realizará el miércoles 28 entre todos los malagueños que hayan querido tomar parte en esta iniciativa.

De esta ingeniosa manera, la asociación adapta la celebración de esta fiesta tan salesiana a los requisitos que establece la crisis sanitaria actual. En años anteriores, la celebración se venía realizando en el Colegio Salesiano San Bartolomé, en un encuentro que comenzaba con una representación teatral de la escena del milagro de la multiplicación de las castañas. Al finalizar, se repartían castañas asadas entre los asistentes.

El origen de esta tradición

El día de Difuntos de 1849, en medio de una gran hambruna que asolaba Turín, llevó D. Bosco a los 650 Muchachos del Oratorio a visitar el cementerio y rezar. Les había prometido, para la vuelta, castañas cocidas. Y había hecho comprar tres grandes sacos. Pero su madre, Mamá Margarita, no había entendido bien sus deseos y no hizo cocer más que tres o cuatro kilos. José Buzzetti, el jovencísmo “ecónomo”, llegó antes que los demás a casa, vio lo sucedido y dijo: «D. Bosco va a quedar mal. Hay que decírselo enseguida». Pero con el alboroto de la vuelta de la hambrienta tropa, Buzzetti no supo explicarse. Tomó en sus manos D. Bosco la pequeña cesta y empezó a repartir castañas con un gran cucharón. En medio del bullicio le gritaba Buzzetti:

– «¡Así no! ¡No hay para todos!»

– «Hay tres sacos en la cocina», replicaba D. Bosco.

– «¡No! ¡Sólo esas! ¡Sólo esas!», intentaba decirle Buzzetti.

– «Yo les he prometido a todos. Sigamos mientras haya.», insistía D. Bosco.

Siguió entregando un cazo a cada uno. Buzzetti miraba nervioso los pocos puñados que quedaban en el fondo del cesto, y la fila de los que se acercaban, que parecía cada vez más larga. De pronto casi se hizo silencio. Centenares de ojos desencajados miraban aquel cesto que no se vaciaba nunca; Hubo para todos. Quizás por primera vez, con las manos llenas de castañas, gritaron los muchachos aquella tarde: “¡Don Bosco es un santo!”.

Desde entonces cada salesiano, cada salesiana, en las familias, los oratorios y centros juveniles recordamos el milagro, como signo de lo que D. Bosco es capaz de hacer con sus jóvenes. Una hecho que este año, más que nunca, no queremos dejar de recordar.

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